Capítulo 7. La muralla escondida
El Chotis del
Neandertal. Capítulo 7.
LA
MURALLA ESCONDIDA
(en
sitios que ni te imaginas)
Cuando pensamos en murallas
espectaculares siempre nos viene a la cabeza la de Ávila… ¡o la de la China!
Hay varias ciudades españolas que
conservan grandes murallas, como la mencionada Ávila, Segovia, Toledo, Badajoz
o Lugo.
Y si pensamos en la Comunidad de
Madrid tenemos la imponente muralla de Buitrago de Lozoya o las de Torrelaguna,
Talamanca del Jarama, Manzanares el Real, Santorcaz o Alcalá de Henares.
Próximamente, en otro capítulo, hablaremos
de estas magníficas defensas de nuestra provincia.
Pero ¿y Madrid capital?, ¿alguna vez
tuvo muralla? ¿qué fue de ella?
¡Pues claro que la tuvo, y no solo una
sino varias!
¿Cómo no la va a tener, si de hecho
nació dentro de una muralla?
¡Si hasta la patrona de Madrid se
llama Virgen de la al-mudayna, que en árabe quiere decir “recinto amurallado”!
Pero si la tuvo, ¿qué fue de ella?
Pues aquí viene lo fascinante de la
muralla de la Villa y Corte: ¡que sigue existiendo!
Seguro que muchos de vosotros habéis
visto los 120 metros de lienzo y torres que se conservan cerca del Viaducto. Quizá
algunos menos os hayáis sorprendido al ver otro lienzo de 70 metros con torres dentro
(sí, dentro del edificio) del Museo de las Colecciones Reales, entre el Palacio
Real y la Catedral de la Almudena (ya os dije que la patrona tiene nombre de
muralla)
Pero lo que algunos menos sabréis es
que mucha parte de nuestra muralla pervive, resiste, escondida en portales, sótanos,
bares y restaurantes, recónditos parquecillos en miniatura y en otros lugares
que os sorprenderán.
Aunque, si queremos ser precisos, no
deberíamos hablar de “la muralla” sino de “las murallas”, en plural.
Y es que, como decíamos antes, Madrid
ha tenido varias murallas. ¿Cuántas diríais a bote pronto que hemos tenido?
¡Pues hemos tenido cinco o seis!
¿Sorprendidos?
Vale ya de suspense, os las voy a
enumerar:
·
La
muralla árabe
·
La
“Medinilla”
·
La
muralla cristiana
·
La
cerca del arrabal
·
La
cerca de Felipe II
·
La
cerca de Felipe IV
Las “cercas”:
Os habréis dado cuenta de que las tres
últimas se denominan “cercas” y no murallas. La explicación es que ya no se
trataba de recintos defensivos.
La cerca del arrabal se construyó en
el siglo XV, cuando las murallas prácticamente no tenían ninguna relevancia
militar, y las de Felipe II y Felipe IV eran sólo unas tapias erigidas con un
propósito fiscal.
De la de Felipe II queda un pequeño
tramo en la calle Bailén, junto al nuevo edificio del Senado.
De la de Felipe IV queda un vestigio
musealizado de pocos metros en el número 91 de la Ronda de Segovia, al lado de
los bomberos y enfrente del Centro de Especialidades de Pontones.
Para que os hagáis una idea de su
aspecto, pensad en la que rodea el Matadero en el Paseo de la Chopera.
Todas las mercancías que entraban en
la ciudad tenían que pagar sus correspondientes impuestos, y la forma más fácil
de poderlos cobrar era rodear la ciudad con una cerca para que todos los
artículos sujetos a gravamen tuviesen que cruzar por las puertas, donde los
funcionarios podían controlarlos.
Y esas puertas son lo que más huella
ha dejado de estas cercas, pues sí, amigos, la puerta de Antón Martín o la
famosísima puerta del Sol formaban parte de la cerca de Felipe II.
Del mismo modo que las monumentales
puertas de Alcalá, de Toledo y de San Vicente que todos podemos ver en la
actualidad formaban parte de la cerca de Felipe IV.
Por cierto, dato curioso: la cerca de
Felipe IV coincide casi exactamente con lo que ahora es Madrid Central o la
zona de bajas emisiones ZBEDEP Distrito Centro.
Así que cuando vayáis en coche y
entréis en estas calles recordad que estáis entrando en el Madrid de Felipe IV.
Tiene gracia, en 2026 si cruzamos en
carromato la cerca de Felipe IV nos siguen haciendo pagar.
El caso es que Madrid siempre ha
estado creciendo a un ritmo increíble y los distintos muros que la cercaban se
iban quedando pequeños progresivamente, lo que obligaba a ampliarlos cada poco
tiempo.
La Medinilla:
Este recinto lo mencionaremos muy de
pasada, ya que hay serias dudas de que realmente llegase a existir. Por eso
arriba hablábamos de “cinco o seis” recintos.
La Medinilla sería una ampliación de
la muralla árabe que incorporaba algunos barrios extramuros.
Se dice que la base de los muros de la
iglesia de San Nicolás, en la calle del mismo nombre y uno de los templos más
antiguos de Madrid que se conservan, está hecha con piedras de la Medinilla.
O que el pretil de la calle del Rollo
que se prolonga dentro del comedor del restaurante que hay en el número 8 de
dicha calle, también formarían parte de este recinto, pero resulta dudoso.
Así pues, en este artículo vamos a
hablar de los dos recintos amurallados que, con finalidad defensiva, tuvo la
ciudad de Madrid a lo largo de su historia. Es decir, las dos murallas
medievales.
LAS
MURALLAS ESCONDIDAS
Entre finales del s. XV y principios
del XVI el Concejo de Madrid autorizó la construcción de casas en las cavas
(fosos exteriores de la muralla) utilizando la muralla como pared principal o
maestra y después Felipe II ordenó derribar las viejas puertas medievales que
entorpecían el paso.
Madrid devoraba sus propias murallas.
A mediados del s. XX se sabía de la
muralla gracias a bastante documentación y se conocían algunos restos,
identificados más por tradición que por motivos arqueológicos.
Se sabía de algunos metros de
construcción antigua entre muros de contención y paredes medianas, sirviendo de
apoyo a algunos edificios del entorno de la calle Mayor, la Cuesta de la Vega y
la calle Bailén.
LA
MURALLA ÁRABE
Como ya hemos señalado en capítulos
anteriores de El Chotis del Neandertal, Magrīṭ fue
construida en el s. IX por los andalusíes como una fortaleza avanzada
para la defensa de Toledo, en uno de los promontorios que dominan el río
Manzanares, justo donde hoy está el Palacio Real. ¿Recordáis las Terrazas del
Manzanares del capítulo sobre la estación de metro de Carpetana?
Se construyó durante el emirato de
Muhammad I, entre 850 y 866 y fue reforzada en el siglo X por el califa Abd al
Rahmman III.
Los restos más importantes y grandes
de muralla que se conservan hoy día son precisamente los de la muralla árabe.
Ahí va un dibujo para que os hagáis
una idea. No es muy exacto.
La
Puerta de la Vega y la Torre de Narigües, el origen del hallazgo
Entre las calles de Bailén y Cuesta de
la Vega se encontraban las casas del marqués de Malpica. Entre 1870 y 1875 se
derribaron algunas de esas casas para alinear las calles y construir el primer
viaducto (habéis oído bien, antes del actual había otro viaducto construido en
hierro, existen fotos)
En 1953 se echan abajo las casas que
habían sobrevivido al anterior derribo, lo que dejó al descubierto por primera
vez un largo tramo de la muralla islámica que había funcionado como muro
trasero y de contención del jardín.
Por ello en 1954 la muralla de Madrid
fue declarada Monumento Histórico‑Artístico.
Pero no fue hasta los años 70 que se
demolieron los últimos restos del palacio de Malpica que aún cargaban sobre los
vetustos, nobles y milenarios restos de la muralla emiral.
De hecho en el número 83 de la calle
Mayor aún se levanta un edificio decimonónico, ocupado en la actualidad por
dependencias municipales. Pues bien, la esquina trasera de este edificio, la
que da al parque del Emir Mohamed I, aún se apoya sobre la Torre de Narigües.
Las primeras campañas arqueológicas se
llevaron a cabo en 1972, 1975 y 1985, tras la cual aún se derribaron algunos
edificios del s. XIX.
En 1987 – 88 la muralla se consolidó y
restauró. Un total de 120 metros y 4 torres que lo convierten en el tramo más
largo y conocido de todas las murallas.
En fecha tan reciente como 2010 se
construyó a sus pies el actual parque del Emir Mohamed I (me encanta que se le
pusiera ese nombre al parque).
Formando parte de este tramo de
muralla está la mencionada Torre de Narigües. Aunque hay algunos autores que lo
cuestionan, otros sostienen que precisamente en esa torre se apoyó la
ampliación de la muralla cristiana que, arrancando en perpendicular de la vieja
muralla árabe, descendía y luego ascendía por el Barranco de San Pedro, hoy día
la calle Segovia, hasta Las Vistillas.
Fuera ya del parque, la muralla
continúa y se puede ver en los bajos de un edificio moderno, al que se le
obligó a respetar la muralla que ya era un bien protegido. La dirección del
edificio es calle Bailén 12, pero si queréis ver los restos tendréis que ir desde
el parque del Emir Mohamed I por la Cuesta de Ramón, casi debajo del viaducto.
La
Torre de los Huesos
Entre 1992 y 1996 se construyó el
aparcamiento subterráneo de la Plaza de Oriente, hallándose los cimientos de la
Torre de los Huesos, ¡qué nombre tan sugerente!
Si os ponéis de espaldas al Teatro
Real, mirando al Palacio Real, y avanzáis unos metros, subiréis tres peldaños y
veréis una rejilla en el suelo, justo antes de llegar al primer parterre. Pues
debajo está la Torre de los Huesos.
¿Y por qué se llama así? Pues porque
al lado de ella, en lo que ahora es la calle de Carlos III, estaba el primer
cementerio árabe.
Esta torre no estaba integrada en la
muralla, sino que era una atalaya independiente. Justo ahí, el Arroyo del
Arenal se encajonaba en un profundo barranco que discurría hasta los Jardines
de Sabatini y la Cuesta de San Vicente, un lugar idóneo en el que ocultar
tropas para un eventual asalto. Y eso es lo que pretendía evitar nuestra torre.
Cuando un par de siglos después se
construyó la muralla cristiana, la Torre de los Huesos se integró en ella como
una torre más.
Si queréis verla no hace falta que os
tumbéis sobre la rejilla con la linterna del móvil y un ojo cerrado, ya que
podéis bajar al parking, verla tras una vitrina y leer los paneles informativos.
Las
Colecciones Reales
Cuando se proyectó la construcción de
la Galería de las Colecciones Reales, Patrimonio ordenó que previamente se
desarrollase una campaña de excavaciones arqueológicas, pues se sabía por la
documentación que ahí debía estar el tramo de la muralla que daba al Campo del
Moro.
Inciso. ¿Sabéis por qué se llama el
Campo del Moro? Ya os lo contaremos.
Entre 1999 y 2002 se excavó en la
Plaza de la Armería y en la ladera que desciende hacia el Campo del Moro, y
aparecieron 70 metros de muralla, varias torres cuadradas y algunas viviendas
medievales adosadas a la parte interior del muro.
Para que os ubiquéis, en la parte
izquierda del tramo del parque del Emir Mohamed I estaría la Puerta de la Vega,
de la que sólo quedan los cimientos bajo el asfalto de la primera curva de la
Cuesta de la Vega. A partir de ahí la muralla giraría en ángulo recto hacia la
parte trasera de la Catedral de la Almudena (ese segmento seguramente se haya
perdido) y, a continuación estaría el tramo de las Colecciones Reales.
Afortunadamente la sensibilidad
arqueológica del s. XXI, aunque aún no sea la suficiente, es mayor que la de
épocas anteriores, y los restos se incorporaron al proyecto del edificio
quedando actualmente expuestos, tras una gran vitrina, en la llamada “Sala de
la Muralla”. Id a verlos, os asombrará.
Por cierto, este lienzo, a la derecha,
termina en una flamante pared de pladur, al otro lado de la cual se encuentra
un espacio cuyas puertas de acceso permanecen cerradas. Oliéndonos la tostada
entablamos conversación con dos bedeles que estaban por allí, y que nos dijeron
que esa otra sala se utilizaba para eventos y que, aunque ellas no habían
entrado nunca, sabían que dentro de ella continúa la muralla.
¿Dónde
estaba el Alcázar?
Como en toda ciudadela fortificada
musulmana, el núcleo más importante, el más potente y último reducto defensivo
lo constituye el Alcázar es decir, el castillo.
Fuera de éste se sitúa la población
propiamente dicha, la Medina, y todo el conjunto está rodeado por la al-mudayna
o muralla.
La opinión comúnmente aceptada es que
el alcázar se encontraba donde ahora está el Palacio Real. En ese lugar, el
edificio se halla protegido por el norte y el oeste por profundos barrancos.
Además el viejo alcázar de los
Trastámara estaba allí mismo, y sobre él se fue ampliando y mejorando el
alcázar de los Austrias, el mismo que se quemó en la Nochebuena de 1734 y donde
se construyó el actual Palacio Real.
Pero otros autores sostienen que
estaba demasiado alejado de las casas de la medina, quedando entre ambos un
gran descampado. A lo que los otros argumentan que en ese espacio, al que
llaman Albacar, podría encerrarse el ganado en caso de asedio, y que en tiempos
de paz podría estar cultivado o usarse de campo de entrenamiento de tropas.
Como alternativas se han dado dos
emplazamientos:
Los jardines del Mirador de Palacio, por ser la cota más alta de todo el
conjunto musulmán y donde sería lógico erigir el castillo. Además conserva unos
tramos, eso sí, muy reconstruidos. Personalmente vemos factible que se trate de
materiales de la muralla, pero creemos que están todos recolocados formando el
pretil de la calle del Factor.
Mirad la diferencia de altura entre la
calle Bailén, en primer término, y la calle Factor, donde se asienta el
edificio blanco del fondo.
El solar que ahora ocupa el palacio
que comparten el Consejo de Estado y la Capitanía General, en la esquina entre Mayor y Bailén.
Apoyan esta opinión en que al lado estaba la puerta de Santa María y en el otro
lado hay un desnivel considerable (el Pretil de los Consejos)
A la derecha de la foto está la calle
Mayor, donde estaba la Puerta de Santa María. Si seguís la línea que hay bajo
las ventanas enrejadas veréis que, lo que en Mayor está a ras de suelo, en la
parte de atrás se convierte en el tercer nivel.
Ved el tamaño del coche que gira en la
esquina.
Las
Puertas y los caminos
Esto es fácil, porque la muralla árabe
sólo tenía 3 puertas.
La Puerta de Santa María
Sí, ya sé que el nombre no es muy
árabe. Parece ser que la Mezquita Mayor se encontraba muy próxima a esta
puerta. Tras la conquista cristiana, la mezquita se transformó en la iglesia de
Santa María (hoy desaparecida) y a la puerta aledaña se le empezó a llamar Arco
de Santa María.
Esta puerta estaba en la calle Mayor,
entre el Instituto Italiano de Cultura y La Capitanía General.
Dentro del Instituto Italiano de
Cultura (calle Mayor 86), un palacio del s. XVII, en una de las paredes de la
biblioteca, hay un trozo de muralla. Por la orientación creemos que formaba
parte de la Puerta de Santa María, que estaba justo ahí. Se puede ver desde la
calle si miras por las ventanas del bajo próximas a la esquina.
Si os ponéis en la calle a la altura
de donde estaba esta puerta y miráis hacia lo que entonces era el campo, veréis
que ante vosotros se extiende la calle Mayor. Si avanzarais por ella en línea
recta y sin parar en muuuucho tiempo, llegaríais a la altura del Mercado de San
Miguel, donde estaba la Puerta de Guadalajara (muralla cristiana), más adelante
a la Puerta del Sol (cerca de Felipe II), luego a la Puerta de Alcalá (cerca de
Felipe IV) y más adelante a Alcalá de Henares, Guadalajara, Zaragoza y Barcelona.
Y desde ese mismo sitio, ligeramente a
la derecha, sale la calle Sacramento. Si avanzarais por ella sin parar en
muuuucho tiempo, llegaríais a Puerta Cerrada (muralla cristiana) la Puerta de
Antón Martín (cerca de Felipe II), la Puerta de Atocha (cerca de Felipe IV)
(curioso, ahora la estación del AVE se llama igual) y bastante más adelante a
la Avenida de la Albufera que, curiosamente, se acaba dirigiendo a Valencia.
La Puerta de La Vega
Esta puerta es la que más servicio ha
dado a Madrid si hablamos de tiempo. Daba al acceso más escarpado y por esa
parte la ciudad tardó mucho en extenderse, por lo que no fue necesario ampliar
la muralla por ese lado.
Debido a eso, la veterana puerta dio
servicio a la muralla árabe, la muralla cristiana y la cerca de Felipe II.
Dado lo abrupto del terreno, en esta
parte no se visualiza el acceso a los primitivos caminos de una forma tan clara
como en la Puerta de Santa María. Además la urbanización de toda la ladera ha
variado considerablemente su trazado original, de modo que no se ve claro por
dónde podían bajar los caminos.
Sí podemos decir que por la Puerta de
la Vega se iba a Toledo, a Badajoz y a Segovia.
¿Os dais cuenta de cada puerta daba
salida a un camino y que Madrid se ha ido extendiendo por ellos?
La Puerta de La Sagra o Xagra
Es una puerta bastante misteriosa en
tanto que no se conoce su ubicación exacta.
Se sabe que estaba en el lienzo norte
de la muralla, en algún lugar entre la Plaza de la Armería y los Jardines de
Lepanto (la parte de la Plaza de Oriente donde se encuentran los columpios).
Como ya hemos comentado, no se sabe
bien dónde estaba colocado el alcázar. Aunque aceptemos que estaba donde ahora
está el Palacio Real, este es mucho más grande, y no sabemos en cuál de sus
esquinas se encontraba el castillo emiral.
Lo más probable es que esta puerta
mirase a lo que ahora es Plaza de España y por ella se saliese hacia el
cementerio y la Torre de los Huesos. Parece probable que de ahí saliese el
camino hacia Talamanca del Jarama, que también formaba parte del sistema
defensivo del Reino de Toledo. Más allá estaba la frontera, el territorio
cristiano.
Fijaos cómo la muralla de la medina andalusí
ha marcado su impronta en el desarrollo y expansión de Madrid hasta la
actualidad:
De la Puerta de la Sagra nace el
camino de Burgos (N-I)
De la Puerta de Santa María nacen los
caminos de Barcelona (N-II) y Valencia (N-III)
De la Puerta de la Vega nacen los
caminos de Toledo / Andalucía (N-IV), Badajoz (N-V) y Segovia / Coruña (N-VI)
LA
MURALLA CRISTIANA
A partir del siglo XI los cristianos
habían desplazado del centro de la ciudad a la población musulmana, que se
había ido estableciendo extramuros en la colina de las Vistillas.
Ya en esta época a Madrid le gustaba
crecer a lo bestia. Otros barrios nuevos surgieron también fuera del recinto y
se vio la necesidad de construir una nueva muralla que acogiese a toda esta
población.
Al oeste estaba el barranco del
Manzanares (actual Campo del Moro) y al norte los barrancos de Leganitos
(actual cuesta de San Vicente) y del Arenal (plaza de Oriente), los tres muy
abruptos y por tanto poco aptos para construir.
Por ello los barrios extramuros se
extendían hacia el este (por ambos lados de la actual calle Mayor) y hacia el
sur, al otro lado del barranco de San Pedro (calle de Segovia) que era más
practicable, menos abrupto.
Así que la nueva muralla podía
aprovechar casi la mitad de la muralla árabe que aún miraba a campo abierto.
Ese tramo podía ser reforzado y mejorado.
De modo que, en la Torre de Narigües,
se hizo uno de los “empalmes”, que arrancaba perpendicular al viejo muro y
bajaba hacia la calle de Segovia.
Para orientaros, recordad que la Torre
de Narigües forma parte de la muralla que hay en el parque del Emir Mohamed I y
aún sostiene la parte trasera del único edificio del XIX que queda en pie. Aún
se puede ver cómo sale de ella este muro perpendicular.
El otro empalme se hizo en algún punto
dentro de lo que ahora es el Palacio Real hacia el oeste, aprovechando el
barranco del Arenal como foso natural, anexionándose la Torre de los Huesos y
cruzando por el Teatro Real.
Probablemente con este segundo empalme
la vieja Puerta de la Sagra se quedase dentro de la nueva muralla y se
derribase por inútil y por aprovechar sus materiales. La nueva Puerta de
Valnadú la sustituyó.
Recorramos
la muralla
Ahora os proponemos un ejercicio de
imaginación: ¿queréis viajar en el tiempo y daros un agradable paseo
recorriendo la parte de fuera de la muralla?, ¿queréis ser turistas en el s.
XIII caminando con el campo abierto a vuestra izquierda y la muralla a vuestra
derecha?
¡Acompañadnos!
Vamos a hacer un recorrido virtual
usando la imaginación. Podéis caminar mientras escucháis este podcast y
ayudaros de un plano de la ciudad.
Tranquilos, que cuando paséis al lado
de un trozo de muralla “visitable” os avisaremos.
Empezaremos nuestro paseo en la Plaza
de Oriente, dando la espalda al Palacio Real y mirando hacia el Teatro Real. A
vuestra derecha está la muralla cristiana, recién estrenada, y a vuestra
izquierda el barranco del Arenal, cuidado de no resbalar.
Pasáis frente a la Torre de los
Huesos, recién incorporada al recinto (podéis bajar a verla al parking) y ahí
tomaremos la calle que sale a la derecha del Teatro Real, la calle Carlos III.
Pisad con respeto, pues ahí debajo estaba el viejo cementerio musulmán.
Al llegar a la confluencia de esa
calle con la de Vergara, queda a vuestra derecha la Puerta de Valnadú, (la que
daba al norte y que sustituía a la vieja Puerta de la Sagra). En la esquina hay
una placa que recuerda que dicha puerta fue derribada por orden de Felipe II en
1567.
Y así desembocamos en la Plaza de
Isabel II, popularmente conocida como la plaza de Ópera. Pues justo ahí, en la
esquina del teatro, varios metros por debajo del actual nivel del suelo, se
encuentran los restos de la Torre Gaona o Torre de Alzapierna (a mí me gusta
más el segundo nombre). Esta torre, que no se puede visitar, no formaba parte
de la muralla, sino que estaba exenta, independiente. Es lo que se llama una
“torre albarrana”, que probablemente estuviese comunicada con la muralla por un
puente de madera.
La finalidad de esta torre era
defender la cercana fuente de Los Caños del Peral, que probablemente en la
época fuese un manantial con una mínima obra. No confundir con los restos del
s. XVI que pueden visitarse bajando a la estación de Metro de Ópera)
Por cierto, y esto siempre me ha
gustado, cuando llueve se forma un charco gigante justo sobre la Torre de
Alzapierna. Además, al lado hay una reproducción en bronce del trazado de la
muralla, algo que puede seros muy útil mirar en vuestra excursión.
Y ahora os voy a revelar algo que creo
os encantará, y que demuestra que el título del artículo (La Muralla Escondida)
está plenamente justificado:
¿Sabéis dónde está esto?
¡Pues lo podéis ver en el sótano del
Foster´s Hollywood de la Plaza de Ópera!, junto a los servicios.
Podéis bajar a verlo sin necesidad de
consumir en el restaurante. Aunque haya cola para comer, preguntad a cualquier
empleado y os dejarán pasar a ver este fascinante postigo, pues saben que
tienen la obligación de permitir la visita.
Abandonamos la plaza de Ópera por la
calle Escalinata y veréis un solar a vuestra derecha. Hay una pared de muralla
muy deteriorada. Abandonada sería la palabra adecuada. El postigo con arco de medio
punto es el que habéis visto en el sótano del Foster´s Hollywood.
Y un poquito más arriba hay un garaje
clausurado que también sabemos que tiene muralla, pero no la hemos visto.
Pero lo verdaderamente interesante de
esa foto es el edificio naranja que se ve detrás. ¿Os habéis dado cuenta de que
el saliente del centro tiene forma de torreón? ¡Pues claro que la tiene, porque
lo es! Al menos hasta un poco por encima de la primera ventana. ¿Veis la forma
de torre redonda? Y la obra de encima conserva la forma de la torre en la que
está apoyada.
Y otra sorpresa, a esa torre podéis
entrar e incluso tomaros un café dentro de ella, si la mesa está libre, pues se
encuentra dentro de la Cafetería Santa Eulalia, cuya entrada está en la calle
de atrás (Espejo número 12)
Siguiendo el recorrido, por la calle
del Bonetillo y la Plaza del Comandante las Morenas llegamos a la calle Mayor.
Allí estaba la Puerta de Guadalajara, la más importante de la muralla cristiana
y, dicen, parecida a la Puerta de Bisagra de Toledo. Pero de ella no veréis
nada, sólo la placa que indica dónde se encontraba. (Por cierto, al otro lado
de la calle hay una placa parecida que indica dónde nació Lope de Vega)
Si no hubiese sido derribada, la calle
Mayor podría haber tenido este aspecto en la actualidad:
Seguimos por la Cava de San Miguel,
sabiendo que bajo nuestros pies, relleno por escombros, está el foso de la
muralla que, como siempre, queda a vuestra derecha. La calle cambia de nombre a
calle Cuchilleros y desembocamos en la plaza de Puerta Cerrada, otra de las
puertas de la muralla cristiana.
Aquí también hay placa, pero hay otra
cosa más, a nuestro juicio algo alucinante:
Veis que en el rincón del fondo hay
una parte tapada con una malla de obra verde. Pues lo que oculta os va a dejar
ojipláticos:
¡Es un torreón!
Y aunque no es visitable, hemos podido
encontrar unas fotos de WordPress que nos lo muestran. Se encuentra en un nivel
de dos pisos por debajo del actual nivel de la calle.
La escalera y puerta que se ven desde
la plaza de Puerta Cerrada (aún hoy se adivinan tras la malla verde) no son
originales, sino que se construyeron cuando se apoyaron las viviendas en el
torreón, pero esa ventana, esa aspillera o saetera por la que se disparaban
flechas, sí es original.
Aunque no se aprecia en la foto, este
torreón conserva el adarve y el pretil, con una almena. Es el único vestigio
que conserva toda su altura original.
Seguimos nuestra ruta por la Cava
Baja. Todos los edificios de nuestra derecha se apoyan en la muralla.
Hay un montón de restos más o menos
musealizados dentro del portal del número 10, incluyendo un torreón circular,
aunque no tan completo como el anterior.
En el número 12 (Posada del León de
Oro) y en el 14 (Posada del Dragón) hay también restos que os dejarán ver bajo
el suelo de cristal del restaurante.
En el número 22 derribaron un edificio
y, por ser protegida la muralla, se ha quedado como solar y se utiliza como
parque. Dicho solar da a dos calles y la entrada es por la de atrás, la calle
del Almendro 3.
Aquí la documentación habla de un
“torreón no visitable”. Estamos convencidos de que ese torreón da forma a la fachada
del edificio de Cava Baja 18 que da al solar. Es cuadrado, sobresale de la
fachada y está alineado con la pared de la muralla.
Más adelante hay unos importantes
restos, pero se ven desde la calle del Almendro 15 y 17. Sólo tenéis que dar la
vuelta a la manzana.
Es una pena que en la foto no se
aprecie bien, pero se conservan el muro interior y el exterior de la pared. Si
algún día os asomáis, podréis ver el grosor de la muralla.
En el número 30 hay algo que nos
pareció maravilloso: Allí estaban la Posada de San Pedro y el Mesón del
Segoviano. En 1993 el edificio se rehabilitó y el lienzo de muralla se respetó
e integró en el edificio, permitiendo la visita. Tiene un patio interior donde
se conserva un lienzo de muralla de 20 metros de largo y 11 de alto. ¡Estamos
hablando de que llega a cuarto piso!
También aquí hay adarve, ¡con
baldosas!, ¿serán originales?
Y llegamos a la plaza de los Carros y
la plaza del Humilladero, donde se encontraba la siguiente puerta de la muralla
cristiana, la Puerta de Moros.
Debe su nombre a que, al estar situada
en la colina de las Vistillas, quien entraba por ella entraba directamente a
los barrios que habían formado los musulmanes cuando fueron desplazados del
centro tras la conquista castellana.
Y quien salía por ella, a pocos
metros, se encontraba con la Maqbara, el cementerio musulmán que se encontraba
extramuros y del cual os hablamos en el capítulo anterior “El Madrid
Subterráneo”.
Si entrásemos por esa puerta y
bajásemos por la Costanilla de San Andrés, llegaremos a la plaza de la Paja.
¿Por qué mencionamos esto?
Porque es una plaza con un pasado
mucho más importante del que se le reconoce, y ya sabéis que en El Chotis del
Neandertal nos gusta contaros cosas que os sorprendan.
En la época que estamos tratando, la
actual Plaza Mayor no existía. Como les gusta decir a los abuelos, “todo eso
era campo”. Frente a la puerta de Guadalajara había, a la derecha del camino
(la calle Mayor) unos campos que bajaban en declive hacia la Puerta Cerrada.
Pues durante todos esos siglos la
plaza mayor, donde se colocaba el mercado y donde se realizaban los eventos
ciudadanos, era la plaza de la Paja, el centro de la vida de Madrid.
De la Puerta de Moros sólo queda el
nombre, pero bajo la plaza de los Carros hay un viaje de agua, con el que
volveremos a encontrarnos enseguida en nuestro recorrido por la muralla.
En el número 3 de la plaza de los
Carros está el Bar Kapullo Tapas. Nada más entrar, a la derecha, hay otro
lienzo de muralla, que los del bar han aprovechado, con buen criterio, para
decorarlo y ponerlo en valor. Si tienes un trozo de muralla en tu local, ¿por
qué no decirlo a los cuatro vientos?
Y no es el único bar, en la calle Don
Pedro 6, por donde sigue nuestro recorrido, está el Madreselva Wild Bar, en
cuyo sótano hay otro lienzo de muralla.
El siguiente lienzo, muy destruido, ha
de visitarse desde la calle de detrás (Mancebos 5).
Está muy abandonado, hasta el punto de
que, en unas lluvias de hace poco, 2023 como mucho, se desplomaron parte de las
piedras que, por cierto, continúan en el suelo, tal y como cayeron.
Y en Don Pedro 10 está la Real
Academia de Ingeniería. En ella podemos ver otro lienzo bastante grande. Y
además podemos ver siguiente tramo del viaje de agua que os comentábamos en la
plaza de los Carros.
Desde aquí ya no queda ningún resto. La
muralla continuaría, ya sin puertas, cruzando la calle Bailén hasta las
Vistillas y bajando por la ladera del Barranco de San Pedro (calle Segovia) y
subiendo por el otro lado hasta el Parque del Emir Mohamed I donde se encuentra
el empalme con la Torre de Narigües que os mencionamos anteriormente.
La
muralla escondida
¿Cómo han ido saliendo a la luz todos
esos fragmentos de la Muralla Escondida que os hemos ido mencionando?
Gracias a la declaración de la muralla
como Monumento Histórico‑Artístico en 1954 se han ido recuperando muchas partes
de ella.
Básicamente la legislación dice que si
se derriba un edificio y tras él aparece muralla, ya no se puede volver a
construir, y que si durante una reforma aparece muralla, esta se ha de
musealizar y conservar.
De ese modo, poco a poco, los
madrileños vamos recuperando nuestras antiguas murallas, que no son tan
espectaculares como lo son otras de nuestra comunidad o de otras provincias.
Pero tiene el encanto de ser La Muralla
Escondida, y nos permite como ninguna otra jugar a Indiana Jones, recorrer las
calles como si se tratase de una yincana en la que vamos buscando nombres de
calles, números de portales, rótulos de bares, cafeterías y restaurantes. De
hoteles con nombres tan evocadores como La Posada del León de Oro o La Posada
del Dragón.
Podemos investigar esos rincones y preguntar
a vecinos que salen de esos portales si nos dejarían entrar a ver “su” muralla.
Siempre hay de todo, pero a la gente le encanta que alguien dé valor a algo que
ellos ven todos los días cuando salen a trabajar o bajan al perro.
Anímate, busca LA MURALLA ESCONDIDA.

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