Capítulo 6. Madrid subterráneo

 

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*Texto con apoyo de IA



El Madrid que conocemos, con sus plazas mayores, sus paseos arbolados y sus fachadas decimonónicas, es apenas la punta de un iceberg. Bajo sus calles, entre los adoquines y los cimientos de edificios centenarios, existe otro Madrid: el de los túneles olvidados, las galerías subterráneas, los sótanos que guardan siglos de historia. Ese Madrid invisible ha fascinado siempre a escritores, cineastas y exploradores urbanos, y quizá ninguna obra literaria y cinematográfica lo capturó mejor que "La Torre de los Siete Jorobados".

Cuando Emilio Carrere imaginó su novela fantástica, no inventó únicamente una historia de intriga y magia negra. Creó un símbolo perfecto de ese Madrid profundo, oculto, que existe paralelo al Madrid de la superficie. Su torre invertida, sus escaleras descendentes sin fin, su ciudad subterránea poblada de misterios, no era tan solo ficción: era una metáfora visual y narrativa de las capas geológicas, históricas y urbanas que se superponen bajo nuestros pies.

Porque Madrid tiene, en efecto, sus propias profundidades: desde los restos del Madrid islámico y medieval sepultados bajo el centro histórico, hasta los túneles de la época de los Austrias, pasando por las galerías minadas durante la Guerra Civil y los pasadizos conectados bajo el casco antiguo. Cada nivel cuenta una historia, cada galería es un fragmento de una ciudad que se reescribió a sí misma una y otra vez.

En este artículo, descenderemos como Alicia en su madriguera, pero nuestro viaje será real. Exploraremos el Madrid subterráneo a través de sus hechos históricos, arqueológicos y urbanos, usando la Torre de los Siete Jorobados como brújula narrativa. Porque si la ficción de Carrere y Neville nos enseñó algo, es que bajo el Madrid cotidiano late una verdad tan extraña y cautivadora como cualquier novela gótica: la verdad de una ciudad que nunca dejó de ser profunda.

 


Personalmente siempre hemos sentido fascinación por lo subterráneo. Primero vinieron las exploraciones de las "alcantarillas" de nuestra Escuela.

En realidad las alcantarillas estaban anexas al entramado de pasillos de ladrillo, y se podía escuchar el fluír del agua, aunque no corría por el exterior. 

El espacio era aprovechado como almacen de material, que se descomponía con la humedad y se rompía al tacto. Esto tampoco beneficiaba a nuestras pequeñas linternas de bolsillo, las cuales debimos desmontar a oscuras; en alguna ocasión en que solo llevábamos una y se apagó.

 

Siguieron exploraciones urbanas, en túneles de Cercanías abandonados, durante la construcción del Pasillo Verde Ferroviario madrileño. Como sucede a menudo con estos entornos liminales, el tunel estaba okupado y tuvimos que negociar el acceso con sus habitantes.

 

La culminación, de estas exploraciones madrileñas, se dió en la travesía "directísima" de la cueva del Reguerillo, unos dos kilómetros lineales de pasillos, gateras, jaboneras, toboganes... y con el descenso del temido Tubo. 

Comentar que la cueva permanece cerrada desde 2016  por motivos de conservación. 

La prohibición total parece discutible, si bien es cierto que las numerosas visitas degradaron por completo la cueva, sus restos paleontológicos y ecosistema; y constituían motivo de rescates habituales de inexpertos.

 

Los autores en la cueva del Reguerillo. 6/9/1992. Imágenes coloreadas por IA.

 

 

Todos tenemos suposiciones sobre lo que se puede encontrar en el subsuelo, ¿Cuál es la realidad? ¿Superará nuestras fantasías más delirantes?

 

Madrid subterráneo: catacumbas, depósitos y estructuras ocultas

A pocos metros bajo los pies de los madrileños late una segunda ciudad, un entramado silencioso de galerías, túneles, cámaras y estructuras que cuentan mil años de historia enterrada. 

Este artículo es una exploración de esa civilización subterránea que ha permanecido oculta, mientras Madrid crecía hacia arriba, rivalizando casi con el icónico (y atestado) subsuelo del Museo del Prado, en complejidad histórica.

El Madrid Islámico Bajo Tierra: La Maqbara Olvidada

Bajo la Plaza de la Cebada, extendiéndose hacia el sur entre las calles Toledo y Humilladero, descansa uno de los hallazgos más significativos del Madrid islámico: la maqbara, el cementerio musulmán más antiguo documentado en la capital. Esta necrópolis funcionó durante más de seiscientos años, desde el siglo IX hasta principios del siglo XVI, albergando a los musulmanes madrileños que esperaban, orientados hacia La Meca, el yaum al-qiyama, el día de la resurrección.

 Fuente en el enlace superior

La estructura urbana de este cementerio revela la mentalidad medieval islámica: se emplazaba intencionadamente fuera de la ciudad amurallada, frente a la antigua Puerta de Moros que conectaba con la Morería (el barrio segregado donde vivían los musulmanes tras 1085), en contraste total con la práctica cristiana de enterrar a sus difuntos junto a las iglesias. 

Las excavaciones modernas han recuperado tumbas cuidadosamente orientadas hacia La Meca, evidenciando el rigor religioso de una comunidad que logró mantener sus tradiciones, durante siglos de coexistencia con el poder cristiano.

También del siglo IX provienen los qanats, como el existente en el subsuelo de la plaza de Carros. Viajes de agua subterráneos que merecen un monográfico. 

 Recreación propia con IA, a partir de los datos de la fuente

El pacto quebrantado de 1502. El 21 de febrero de 1502, apenas tres meses después de la expulsión de los Reyes Católicos, la aljama (comunidad) musulmana de Madrid, compuesta por apenas 250 personas, negoció su conversión forzosa con el Concejo cristiano de la ciudad. Entre las cláusulas acordadas figuraba explícitamente la protección del "osario que tienen con sus piedras", es decir, el cementerio y sus lápidas. Sin embargo, esta garantía nunca se respetó. Presionada por Beatriz de Galindo (la famosa "La Latina"), quien quería expandir su hospital, la necrópolis fue gradualmente desmantelada y urbanizada. 

Hoy, bajo las casas que bordean la Cebada, miles de esqueletos aguardan aún en el olvido administrativo, enterrados no solo bajo tierra, sino borrados de la memoria colectiva madrileña.

Las Tumbas Mudéjares del Palacio de la Duquesa de Sueca

En 2020, durante las reformas del Palacio de la Duquesa de Sueca en La Latina, el edificio que  alberga el Ministerio del Tiempo en la serie homónima, se descubrieron dos enterramientos mudéjares del siglo XIII, otro testimonio de la convivencia medieval. Junto a estas tumbas aparecieron restos de un silo con bóveda y de un sistema de prensado de vino del siglo XV, sugiriendo que el espacio fue reutilizado a través del tiempo como área de producción artesanal. El hallazgo fue catalogado como "muy relevante" por los arqueólogos, puesto que son pocos los restos del Madrid medieval que se conservan íntegramente bajo tierra.

Según el arqueólogo Cleto Barreiro, responsable de la obra, estos restos podrán observarse mediante un innovador suelo transparente una vez se abra el palacio al público, transformando la estructura subterránea en un museo viviente donde el visitante camine literalmente sobre la historia.

El Depósito Primero: la "Mezquita de Córdoba" del Canal de Isabel II

Entre los depósitos subterráneos de Madrid, ninguno combina mejor la funcionalidad ingenieril con la belleza arquitectónica que el Depósito Primero del Canal de Isabel II, construido en 1858 en la calle Bravo Murillo. Este titánico almacén de agua, originalmente denominado Depósito del Campo de Guardias, fue excavado en un terreno que antaño funcionaba como lugar de ejecución de reos condenados a muerte, transformándose así en receptáculo de vida después de haber sido cementerio de castigos.

La catedral del agua. Descrito por los vecinos como "una especie de mezquita de Córdoba del siglo XIX", el Depósito Primero es una estructura subterránea monumental. Su interior, apenas accesible al público y a menudo en penumbra, alberga compartimentos arqueológicos de agua, columnas de hierro fundido, y una acústica que hace resonar cada gota como una nota en una catedral sumergida. La fuente monumental en su entrada, ahora restaurada tras años de abandono, marca la sola evidencia visible en superficie de este coloso subterráneo que abastecía a una Madrid en expansión.

El depósito se llenó por primera vez el 6 de junio de 1858 en un acto presidido por la reina Isabel II, siendo el punto de llegada del agua del río Lozoya tras un recorrido de 70 kilómetros de canalizaciones. Hoy alberga el Archivo del Canal, mientras el resto permanece inutilizado y cerrado, generando tensión entre conservacionistas y urbanistas sobre cuál debe ser su futuro.

Recreación IA

Los Pasadizos Reales: Rutas de Poder y Secreto

Desde el siglo XVII, los monarcas españoles ordenaron excavar una red de pasadizos subterráneos que transformaron Madrid en una ciudad de doble circulación: una pública, para el pueblo, y otra privada, para la realeza.

El Pasadizo de la Encarnación (1612). El más emblemático es el pasadizo que conectaba el Monasterio de la Encarnación con el antiguo Alcázar de los Austrias, construido en 1612 por orden de Margarita de Austria, esposa de Felipe III. Contrariamente a lo que la imaginación popular sugiere, no se trataba de un túnel oscuro y claustrofóbico, sino de amplias galerías iluminadas, decoradas con obras de arte, reflejando el rango de sus usuarios. Felipe IV lo utilizaba para asistir a misa con comodidad, aunque las crónicas de corte insinúan usos menos formales, presuntamente para visitas románticas a una novicia del convento. El pasadizo se abría desde las cocinas del antiguo Alcázar, permitiendo al monarca desplazarse sin ser visto por la ciudad.

Recreación IA

Arquitectura de la invisibilidad. Tras el incendio de 1734 que destruyó el Alcázar, se construyó en su lugar el Palacio Real, y con él, nuevos pasadizos aún más sofisticados. Uno de los más audaces es el túnel directo que conecta el Palacio Real con el Teatro Real, permitiendo al monarca acceder directamente al palco real sin atravesar la ciudad. Este sistema de galerías subterráneas se extendió a otros puntos estratégicos: la reina podía desplazarse entre palacios, acudir al teatro, visitar iglesias o incluso abandonar Madrid sin ser vista, transformando el subsuelo en un infraestructura política de control visual y movilidad oculta.

El enigma de los túneles y depósitos comerciales

Un testimonio particularmente intrigante proviene de un trabajador que exploró túneles bajo edificios históricos de Madrid. Al adentrarse en una red de galerías, encontró el suelo literalmente cubierto de fragmentos cerámicos por cientos, descubrimiento que, según este relato apócrifo, cobró sentido al conocer que a pocos centenares de metros se ubicaba una antigua fábrica de cerámica que ocupaba un edificio, actualmente perteneciente a un ministerio. La conclusión es lógica: los comerciantes utilizaban estos sistemas subterráneos para transportar mercancías, y así evitar robos y espionaje industrial de países rivales, un sistema de distribución tan antiguo como ingenioso.

Sin estudios académicos reales ésto no pasaría de la anecdota. Si bien está documentada la accidentada historia de la Fábrica de Porcelanas del Retiro y su comunicación subterránea hacia Atocha. 

 Recreación IA del almacén subterráneo del Museo del Prado

Estaciones de Metro: Arqueología Bajo los Pies

El Metro de Madrid se ha convertido en uno de los museos subterráneos más fascinantes de la ciudad, con hallazgos que rivalizan con excavaciones planificadas.

Estación Fantasma de Chamberí (Andén 0). La antigua estación de Chamberí, inaugurada en 1919 como parte de la primera línea del Metro (diseño de Antonio Palacios), fue clausurada el 22 de mayo de 1966 ante la imposibilidad de ampliar su longitud para los nuevos trenes. Convertida en 2008 en museo bajo el nombre "Andén 0", esta cápsula del tiempo conserva intactos sus azulejos blancos biselados, sus recuadros de azulejos sevillanos, sus carteles publicitarios originales y su lucernario, permitiendo a los visitantes experimentar cómo viajaban en metro los madrileños hace un siglo. Las visitas gratuitas (sábados y domingos, 11 a 15 horas) atraen tanto a historiadores como a turistas fascinados por esta arqueología urbana viva.

Yacimiento Paleontológico de Carpetana. 

Restos en la Estación de Ópera. Bajo la estación de Ópera, durante reformas recientes, se descubrieron restos del siglo XVI pertenecientes a la antigua fuente de los Caños del Peral, evidenciando la antigüedad del sitio y su continuidad ocupacional desde época medieval.

Los Búnkeres de la Guerra Civil: Refugios de la Resistencia

Durante la Guerra Civil Española (1936-1939), cuando Madrid fue primera línea de frente durante casi un año (de noviembre de 1936 a marzo de 1937), se construyó un extenso sistema de refugios antiaéreos y búnkeres que transformaron nuevamente el subsuelo madrileño en un espacio de supervivencia.

El Búnker de El Capricho. Ubicado en el Parque de El Capricho bajo la Alameda de Osuna, el búnker del Estado Mayor del Ejército Republicano del Centro se excavó a 15 metros de profundidad entre 1937 y 1938. Con capacidad para más de 200 personas, su diseño lo hacía prácticamente indestructible frente a bombardeos aéreos, dotado de pasillos estratégicos, múltiples salidas de emergencia y un avanzado sistema de ventilación. Hoy es visitable con reserva previa, permitiendo experienciar la atmósfera de guerra subterránea.

Búnkeres del Parque del Oeste. En el Parque del Oeste se conservan tres fortines del Bando Nacional, construidos por el Batallón de Zapadores Nº7, estratégicamente orientados hacia el Cuartel General del Ejército del Aire, evidenciando la lógica defensiva de la ocupación del espacio. Estos refugios permanecen accesibles 24 horas, convertidos en monumentos vivientes de la contienda. La parte subterránea quedó sellada.

La cámara acorazada de Cibeles: el oro de España

En el subsuelo de la Fuente de Cibeles descansa una de las estructuras más protegidas de España: la cámara acorazada del Banco de España, custodia de las reservas de oro nacional. Protegida por sistemas de seguridad prácticamente inexpugnables, esta bóveda representa el apogeo del secreto estatal subterráneo, donde se resguardan los activos financieros de la nación a múltiples metros bajo tierra.

Cuevas, Tabernas y Leyendas: El Submundo de la Plaza Mayor

Bajo la Plaza Mayor y sus alrededores existe un entramado de túneles, cuevas y sótanos que funcionaban históricamente como almacenes y talleres, convertidos parcialmente en espacios públicos. Se cuenta que estas grutas también sirvieron como guarida de bandoleros famosos como Luis Candelas, quien utilizaba estas redes para evadir la justicia. Un testimonio viviente de este mundo subterráneo es la Taberna del Capitán Alatriste, ubicada en el número 7 de la calle Grafal, que mantiene la atmósfera de Madrid clandestino del Siglo de Oro.

Conclusión: una ciudad verticalmente invertida

El Madrid subterráneo no es un accidente arqueológico ni un fenómeno marginal. Es el reverso necesario de cada decisión urbanística, el espacio donde convergen necesidades políticas (pasadizos reales), religiosas (maqbara y tumbas mudéjares), ingenieriles (depósitos y sistemas de agua), militares (búnkeres de guerra) y comerciales (túneles de transporte). Mientras que la ciudad de superficie ha sido constantemente reinventada y modernizada, estas estructuras subterráneas permanecen como palimpsestos enterrados, cada capa contando una historia de poder, resistencia y supervivencia.

La verdadera geografía de Madrid no es bidimensional. Es tridimensional, con profundidades que alcanzan cincuenta metros bajo tierra, donde necrópolis islámicas se solapan con depósitos victorianos, y pasadizos reales cruzan con túneles de guerra.
 
Explorar Madrid subterráneamente es recorrer un museo sin muros, donde los guardianes del espacio son el silencio y la oscuridad ancestral.
 

Los autores en una cárcel subterránea de la Inquisición.
Dedicaremos monográfico. 

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